martes, 1 de marzo de 2011

¡ Día a Día Sudamérica !

Nota importante: Fraga subirá una foto por día, el resto de las imágenes quedan en el “carelibro”. Paciencia…

La responsabilidad de dejar el nombre de nuestro país en alto nos lleva por otras tierras con cuidado. Hasta hoy, gracias a Dios, todo ha salido muy bien, hemos dicho a Chile y a Argentina que Colombia es un país seguro, que la imagen de una nación que vive la guerra en todos lados no es del todo cierta, que una granada no estalla periódicamente en cualquier esquina y que las ciudades no son territorios llenos de trincheras. Como colombianos tampoco podemos mentir, pasan cosas que son terribles, pero también es cierto que no se trata de Colombia; gente que hace daño hay en todos lados, sin importar la nacionalidad asignada al nacer. Ahora bien, dejemos la reflexión para otros textos, además aún falta pelo pa’ moño, no sabemos mucho de Sudamérica y aún no podemos dar parte final de una gira que apenas va en la mitad.

Pongámonos al día con el asunto en sí. Mientras mi amigo Fraga lee “Contar Cuentos, de la práctica a la teoría”, de Ana Padovani, un regalo que nos hizo Ana María Oddo en Buenos Aires provincia, a mí se me antoja hacer un resumen de los detalles que llegan a mí memoria. Espero entiendan, aquellos que saben más detalles, que si se me escapa un dato preciso es por mi estado actual: espero sentado en el aeropuerto a que un avión nos diga “vamos a La Paz”…


Día 1: Viajamos de Colombia a Chile. Febrero 8 de 2011, martes.

Mientras corría junto a mi hermano Sergio hacia Unicentro para encontrarme con Fraga, pensaba en que no se me hubiera quedado nada indispensable para el viaje. Todo había sido empacado a lo último pues el montaje en teatro nos dejó poco tiempo para hacer maletas. Un detalle bien Colombiano, apenas llegamos a Unicentro nos dimos cuenta que teníamos 30 minutos para estar en el Aeropuerto… Íbamos tarde. Un amigo, saludos desde acá para German, nos prestó su carro y con prudencia nos fuimos al aeropuerto, pero la prudencia hizo que llegáramos tarde. Gracias a Dios, el avión también se retrasó y no pasó a mayores el asunto; el piloto era Colombiano.

Llegamos a Guayaquil, luego a Perú, después a Chile… Un avión digno de nuestra gira que se las dio de “Mochilero”… Comimos muy bien y hasta repetimos… no porque anduviéramos de pedigüeños, sino que casi al llegar notamos que "guardaban" el jugo restante en el inodoro, todo porque “en el avión no se pueden quedar nada de líquidos”… eso dijo la azafata. Entonces, para evitar la pérdida nos sacrificamos y hasta nos dieron algo para acompañar los jugos.


Día 2, Santiago de Chile. Febrero 9 del mismo año, miércoles.


Brand Montiel nos recibió muy temprano en su casa. Ya habíamos pasado por un bus y por el metro, transbordo necesario para ahorrar. No es que sea muy astuto abordar un taxi en Chile si tienes en la cuenta que nuestra moneda pierde cuatro veces su valor al hacer el cambio… 2000 pesos colombianos puede costar un minuto a Celular desde un teléfono público, hagan proporciones del resto. Brand es un cuentero Colombiano que nos ofreció una presentación en La Casa en el Aire, un sitio que tiene una tradición importante para la narración oral chilena pues allí se gestó el inicio de una gran camada de narradores 20 años atrás. Entonces llegamos a su casa y después de jugar con sus mascotas, de ponernos al corriente sobre la historia de cada uno, de salir a caminar un poco y de tomar fotos, llegó la hora de contar. Saber que había llegado la hora no era fácil, a mí me dio por jugar con el reloj. En Colombia anochece entre las seis treinta y las siete de la noche, en Chile son las nueve de la tarde y apenas comienza el proceso… “dos horas más” decía… “dos horas menos” jugaba… Lo cierto fue que contamos y la recepción fue óptima, la gente nos escuchó atenta y terminó todo en un compartir de conocimientos, de pizco chileno y de pizza chilena. Luego a dormir.



Día 3, Santiago de Chile. Febrero 10, jueves.


Estuvimos en la Casa de Neruda, en La Chascona. A mí en particular se me aceleró el corazón cuando vi el premio Nobel a sólo un vidrio de distancia… ¡qué loco eso!... luego de caminar, de tomar más fotos y demás, de preguntar sobre el lenguaje y de saber que “po” es una sílaba que se usa para cerrar cada frase, como el “Ve” que las inicia en nuestro Valle de Cauca, volvimos a dormir… dos horas antes, dos horas después… eso no lo sabía; ya mi reloj era un enemigo y aún no lo sabía.


Día 4, Santiago de Chile – Valparaíso, 11 de Febrero, Viernes.

Brand nos despidió junto al metro y dijimos adiós a un compadre. Mil gracias a Brand por la hospitalidad. Entonces salimos dos horas antes… o dos horas después… y llegamos dos horas tarde o después. Paty Mix, una encantadora cuentera Chilena, maestra de la palabra, nos recibió en su casa y luego hicimos turismo exprés. A la noche contamos para reponer nuestra llegada tarde en un lugar conocido como “Valparaíso Eterno” y luego a dormir, bajo el cuidado de Dios.
(Seguimos en el Aeropuerto. Esperando, con un panorama desolador, faltan varias horas. Fraga me dice que hay que buscar un lugar para dormir acá en el aeropuerto, pero antes, uno para comer)


Día 5, Valparaíso. Febrero 12, sábado.

Al día siguiente caminamos, preguntamos y yo, sin lugar a dudas, encontré el segundo sitio en donde quisiera vivir: Valparaíso. Fuimos a Viña y sin pensarlo nos metimos en el mar. Gente de Colombia, el mar del pacífico nuestro es calientito, es una bendición; allí supe que es un tesoro y que no por vanidad las ballenas van a dar independencia a sus ballenaticos en nuestras costas. El mar de viña es un hielo, fuerte precioso, pero muy frío. Pero bueno, la verdad es que nuestro viaje no estaba para pasar la tarde en el mar, fue como meterse a la ducha porque al rato teníamos que regresar. Paty nos presentó nuevos amigos y la noche del sábado también se fue.


Día 6, Valparaíso – Mendoza. Febrero 13, domingo.

Nos despedimos de Paty, siempre en deuda por la amabilidad y por la paciencia que tuvo con estos jóvenes cuenta cuentos. Salimos para Mendoza Argentina y cruzamos los Andes. El paso es espectacular, como de cuentos. Luego de vivir el trámite migratorio ingresamos a Argentina, la segunda etapa del viaje. En Mendoza nos esperaba Marina Castilla, una mujer encantadora que nos abrió las puertas de su casa y nos enseño la ciudad. No teníamos pensado quedarnos el domingo allí, pues la idea era salir esa misma noche para la ciudad de Córdoba, pero un concierto de rock en la ciudad destino había convocado a tantos argentinos que no había tiquetes para cumplir el plan. Afortunadamente nos recibió Marina y no nos arrepentimos del cambio del destino. Caminamos, hablamos, nos regaló libros de cuentos, compartimos historias y al llegar a un parque, La Plaza de la Independencia, hasta se nos antojó contar cuentos para un pequeño grupo de niños. Contamos, comimos y a Dormir.
(Fraga se fue a caminar, quería estirar las piernas y fisgonear unas cositas que tiene un almacén de artesanías… sólo para ver, en el aeropuerto todo es costosísimo, pero el vendedor no lo sabe, lo atenderá como si fuera a comprar.)


Día 7, Mendoza – Córdoba. Febrero 14, lunes.

Salimos para Córdoba en el primer transporte que salía para allá y como no teníamos alternativa, viajamos en un ómnibus lechero, que paraba en todas partes. Llegamos a la noche y Rubén López nos estaba esperando, un gran contador de cuentos que se constituye junto a Alejandra Oliver en uno de los pilares de la narración en Córdoba. Mayor fue la sorpresa cuando nos llevó a Carlos Paz, una zona a media hora de Córdoba capital y al llegar a una hermosa casa nos encontramos con más cuenteros… todos tan elegantes y versados en los cuentos. Fue una noche riquísima, nos atendieron maravillosamente y como era de esperarse, nos contaron cuentos y nosotros les regalamos algunos nuestros. Pero no podíamos quedarnos, nos esperaba Rosario, ciudad que ya había dispuesto de toda una logística para que nos presentáramos, carteles, radio, voz a voz, que entre narradores eso significaba Palabras Mayores.


Día 8, Rosario. Febrero 15, martes.

Al llegar a Rosario nos recibió Adriana Laura, nos abrió las puertas de su casa, nos presentó a sus hijos y nos permitió una deliciosa ducha. Luego salimos a recorrer la ciudad, el calor se hacía más evidente y el río Paraná se veía inmensamente provocativo, pero una noche de cuentos nos esperaba, así que nos conformamos con ver a las preciosas argentinas caminar en biquini sobre la rivera. La noche fue mágica, la sala se llenó y al final los abrazos llegaron en bandada. Salimos a comer y la tertulia cerró la noche con broche de oro. Dormimos en la casa de Adriana, mil saludos a su esposo y a sus hijos, gracias también por los libros y por la hospitalidad incondicional.


Día 9, Rosario – Buenos Aires capital. Febrero 16, miércoles.

Nos despedimos de Adriana y tomamos rumbos hacía el ómnibus que nos dejaría en Buenos Aires. Al llegar a capital nos enteramos de que Sasa no podía recibirnos, pero nos dejó una nota, las llaves estaban cerca. Al rato ya estábamos dentro de su casa y a la tarde ya hablamos con Sasa Guadalupe, una loca llena de buena energía con mucho de fascinante. Contamos allí esa noche y otra vez dejamos la palabra colombiana en un lugar lejano de la manera más decorosa posible. Cerveza, que se bebe como agua por esos lares y a domir.


Día 10, Buenos Aires capital. Febrero 17, jueves.

Al despertar la calle nos llamaba. Salimos a conocer y por supuesto en busca de los lugares que a nosotros nos han llegado como ecos. El Café Tortoni nos invitaba y dejarlo ir era dejar de entrar al lugar en donde Borges, Gardel, Bennedetti, por citar algunos, dejaron sus pasos. Al llegar las seis de la tarde, eso nos dijo un policía pues el único reloj, el mío, estaba ya guardado en la maleta por traicionero, corrimos, pues teníamos un taller por compartir. Terminado el asunto, apresurado y tenso, la noche nos sorprendió con un lugar extraño, de esos que no hay casi en Colombia: un lanzamiento de un libro independiente, un poeta con ganas de morir, un loco que hilaba palabras sin hilo y unos cuenteros que decían venir de lejos. Nada premeditado, sólo se dio el espacio en un lugar sin lugar. En Buenos Aires hay casas clandestinas de anarquistas que hacen de sus espacios sitios de reunión para que ellos u otros den muestra de sus pensamientos. Algunos locos, otros no tanto.
(Fraga y yo estamos como el clásico reguetonero: con hambre y sueño… pararé el relato de nuestros días y luego seguiré juntando letra pa’ que sepan de los otros días, ojalá al despertar, ojalá antes de Bolivia publique esto en el blog)
(Lugar de letra: Bolivia)
...

Día 11, Buenos Aires Capital – Proviancia Moron. Febrero 18, viernes.

Llegamos a la provincia Moron y allí nos recibió Ana María Oddo y su esposo Miguel, una pareja preciosa que nos atendió con dulce corazón. Luego de hablar sobre cuentos y letras llegó la hora de ir a contar. La presentación no era de nosotros solos, nos acompañaban tres cuenta cuentos más, todos profes dedicados a aprovechar la oralidad como herramienta pedagógica. Contamos y la gente recibió las historias con el mayor agrado. Pasamos así la noche en la casa de Ana, dormimos y comimos muy bien, bendito sea Dios por eso.


Día 12, Provincia Morón – La Plata. Febrero 19, sábado.

Al día siguiente nos ocupó un inconveniente de nuestra gira, aún no teníamos los tiquetes para ir a Bolivia. Después de varias horas de cotizar logramos el objetivo y pudimos conseguir unos económicos para La Paz. Nos despedimos de Ana y Miguel y abordamos el tren que nos dejaría en Once para luego abordar un bus a La Plata, allá nos esperaba Claudio Ledesma. Claudio es un gran cuentero que nos invitó a contar junto a varias personas que él había iniciado en la vida del cuentero. Luego de hacer los preparativos, tomamos camino hacia un lugar que hoy se presenta como centro cultural y de homenaje a los soldados caidos en la guerra de las Malvinas. Contamos varios cuentos cortos y al terminar los aplausos, a todos nos dieron el agradecimiento a la palabra bien usada. Comimos y luego, antes de media noche, de salida a Buenos Aires Capital, nos fuimos para el apartamento de Claudio, que nos hospedaría en su casa.


Día 13, Buenos Aires Capital. Febrero 20, Domingo.

Hicimos un breve recorrido por algunos lugares turísticos gracias a la amabilidad de Claudio que se ofreció como guía para su ciudad. Compartió con nosotros varios documentos sobre oralidad y luego nos despidió para que tomáramos rumbo al aeropuerto. Volamos así hacía La Paz, pero no fue un viaje tan cómodo que digamos, hicimos una conexión de nueve horas en el aeropuerto de Santiago de Chile.



Día 14, Aeropuerto de Santiago de Chile – La Paz. Febrero 21, lunes.

Aquí comenzó esta bitácora. Luego de dormir con las maletas amarradas al pié, partimos hacía La Paz, allá nos esperaban Omar y Roberto, juntos tienen varios montajes de cuentos maravillosos en los que integran la palabra y la música. Martín, uno de los cuenteros que más se mueve en Bolivia, nos ofreció hospedaje y la noche llegó con la seguridad de una buena cama y de haber sido partícipes de la presentación de Omar y Roberto, un acto de gala en el Teatro Municipal.


Día 15, La Paz - Copacabana. Febrero 22, martes.

El 22 del mes corto nos sorprendió con la mañana fría de La Paz. Martín nos hizo una entrevista para radio y luego de intercambiar datos y conocimientos sobre el oficio partimos para Perú. El trayecto era largo desde allí a Lima y el 25 ya estábamos programados para una presentación inaugural junto al cuentero Wayqui. No pasamos la frontera ese día, cuando llegamos vimos la posibilidad de quedarnos en Copacabana y no arriesgarnos a quedarnos en Puno varados, pues es más económico Bolivia y los hostales salen a 20 Bolivianos, que en plata colombiana serían como 6 mil pesos… ¡súper barato!
(Ahora estamos con Wayqui, un parcero que nos ha enseñado muchísimo, un conocedor de mil batallas de cuentos y un profesional total en el oficio. Fraga está a mi lado, dormido, porque es bastante temprano, a mí la mañana fresca de Lima me despertó con alegría. Hoy el cielo es “panza de Burro”… es decir, bastante gris, pero no llueve.)

Día 16, Copacabana – Puno – Camino a Cusco. Febrero 23, miércoles.

Salimos al medio día de Copacabana hacia Puno. Cruzamos fronteras y el pasaporte fue sellado para darnos el ingreso oficial al Perú. Luego de pasar un rato en Puno, había que aprovechar la cercanía al Titicaca, salimos en un bus para Cusco.


Día 17, Cusco. Febrero 24, jueves.

Llegamos a Cusco y buscamos un hostal para bañarnos y gracias a que es temporada baja logramos uno en 15 nuevos soles, que en pesos colombianos corresponde a once mil pesos apróximadamente, gran diferencia pues en temporada alta, nos dijeron, puede subir diez veces el hospedaje. Cusco es una ciudad bellísima, la riqueza cultural que nos entrega Perú ya empezaba a sorprendernos. Veíamos con nostalgia que estando tan cerca de Machupichu no pudiéramos ir, pero nuestro viaje es para contar cuentos y la presentación junto a Wayqui era al día siguiente… de Cusco a Lima hay 22 horas con buen clima y eso no era lo que nos ofrecía la región, cuestión normal para todos, pero no para nosotros que andábamos con el itinerario justo. Averiguamos el tiquete en avión y logramos uno favorable. Visitamos la ciudad junto a unos amigos de viaje que hicimos. Saludos a los chilenos Carlos y a Montserrat. La noche nos dejó dormir calientitos y tranquilitos.


Día 18, Cusco – Lima. Febrero 25, viernes.

Viajamos a Lima a las cuatro de la tarde, con abordaje y recogida de equipaje logramos estar a las seis junto a César Villegas, mejor conocido como Wayqui. El “pata” – que es como el “parcero” en Colombia - nos llevó a su casa, lugar en donde nos hospedaríamos. Rápido nos preparamos para salir al Barrio Miraflores, como se hacía costumbre andábamos de afán. A las ocho treinta estábamos anunciadso para contar en un bar conocido como La vida Misma, que sirve de sede desde hace aproximadamente dos años al espacio Hablapalabra, un proceso maravilloso que ha congregado a excelentes cuenteros del mundo desde hace más de cuatro años y que está a cargo de César. A las ocho treinta y uno estuvimos en escena. Contamos y la recepción fue maravillosa, la gente viajó con nuestros cuentos y al final no se hicieron esperar las palabras de felicitaciones. Nos fuimos de recorrido nocturno por la zona y tomamos un pizco souger peruano, en el lugar en donde nació, luego... a dormir.



Día 19, Lima. Febrero 26, sábado.

Despertar en casa de Wayqui es como sentirse en Cali. La atención es maravillosa y doña Hilda nos recibió con su amor de mamá, ya nosotros decimos que este lugar se llama Hotel cinco estrellas Mama Wayqui. Al rato salimos a almorzar un plato típico peruano y luego a prepararnos porque íbamos a hacer un reconocimiento de un espacio público. Salimos para el parque de San Felipe, nos presentamos sólo unos minutos y anunciamos la presentación del día siguiente en el parque Kennedy, que sería en el barrio Miraflores. Al terminar fuimos a ver una presentación de unas cuenteras peruanas y allí Wayqui nos relacionó con varios cuenteros, un espacio conocido como Trasquichí, lleno de tradición y que es coordinado por Maria Laura Velez. Coincidimos en Trasquichí con cuenter@s de otras nacionalidades y luego de la hermosa noche nos fuimos a recorrer las plazas y lugares importantes de Lima. Caminamos muy bien acompañados, pues cada cuentero hizo su aporte para que nos enteráramos de la historia de Perú y sobre todo, de la amabilidad de su gente.


Día 20, Lima. Febrero 27, domingo.

Luis Felipe, productor peruano, que organizó la presentación en el parque San Felipe y que nos promocionó en el parque Kennedy, nos ayudó a imprimir algunos textos nuestros. La idea era dejar en las manos de aquellos un recuerdo físico del paso de los cuenteros Santa Palabra por Perú. El caso fue que contamos en la rotonda del parque Kennedy y las palabras colombianas se quedaron en varios oídos. Luego la noche nos recibió y a dormir.


Día 21, Lima. Febrero 28, lunes.

En casa de Wayqui, cada uno en un portátil.Una noticia triste nos sorprende: Nos dimos cuenta que los celulares de Fraga desaparecieron. No sabemos dónde están, pero lo cierto es que todas las fotos del paso de Chile a Argentina, así como todas las de Argentina se perdieron, estaban en una mini SD que se guardaba en uno de los celulares… triste noticia, ojalá aparezcan.


Día 22, Lima. Marzo 1, martes.

Aparecieron las fotos de Argentina, se perdieron las del paso, Viña del Mar y parte de Valparaíso...

                        Cali - Colombia. 50 días después del regreso.


Hoy escribo desde Cali – Colombia, acercándonos a los dos meses después de haber dejado el último reporte en  esta bitácora de viaje. No recuerdo bien los detalles de los días siguientes en Perú, los que faltan y por supuesto ahora Fraga está en su casa y yo en la mía, aún así trataré de recordar los hechos más importantes, para no dejar la nota tan incompleta.

En orden. Hay algo que no olvidaré de los días siguientes y finales de nuestra gira, fue el taller que organizó el Wayqui. No lo olvido porque logramos un grupo amable y porque de alguna manera se pudo hacer un mejor compartir en el taller gracias a que teníamos más tiempo. La gente fue maravillosa, a todos los tengo muy presentes, además, sé que logramos dar un mejor desarrollo a los conceptos que en Argentina junto al grupo de Sasa Guadalupe y que en este se dejó una buena semilla. La diferencia radicó en que el primero, al ser de una sola jornada, se vivió bajo un precoz alumbramiento de ideas y no hubo ejercicios  para meditar. En Lima, si bien fue corto para lo que hubiéramos querido, se logró un mejor desarrollo y buenos resultados. El otro recuerdo que viene es, por supuesto, la presentación en el Café Colombia. Contamos para compatriotas que se divirtieron y gozaron con un par de locos contadores de cuentos que pasaban de gira.  Sé que me quedo corto, fueron varias cosas las vividas y ahora las fechas se mezclan, pero no me equivoco en los sentimientos. Por encima de el triunfo profesional, del compartir con otros el oficio, de conocer sitios hermosos, comer deliciosos platos y de contrastarnos como colombianos ante una población de gente amable pero también con problemas, queda, el cariño profundo por la gente. En el corazón se graba una mujer que nos sirvió de mamá durante la estadía en Perú, la madresita de Cesar, hermosa y amable se dejó conocer y entendimos por qué el Wayqui con total espontaneidad nos abrió su casa completamente. La Simona y Marik, Mila y Luis Felipe, personas que también nos ayudaron a reconocer las calles de Lima, a pié, en combi, en taxi y hasta en bicicleta. Todo lo que alberga nuestro corazón, lo digo incluyendo a Cristian porque sé que siente lo mismo, no se quedó en el avión que abordamos esa mañana del 7 de marzo de 2011, sigue y seguirá hasta que nuestros pulmones se llenen de aire.

Gracias, por supuesto, al creador que nos tiene con vida para darle orden a estas letras.

Fin de bitácora.



Texto: El Santo.
Fotos: Fraga.